Sí, porque no estoy acostumbrada a sentirme relajada. Y hoy no he hecho nada especial, ni emocionante. He tenido un día normal, de estudio, de estar en casa.
Y eso que la semana ha sido, buf! Para empezar, el jueves por la tarde, al llegar de clase, mi madre y yo comprobamos que salia mierda por la bañera, el wc y el bidet. Sí, MIERDA. Y no era mia, que bueno, al menos resultaria familiar
Era de los vecinos del bloque. Había un atasco en el desagüe principal y, claro, yo vivo en el bajo. ¿A quién si no le va a salir la mierda de los demás? Pero eso no fue lo más divertido, sino que el viernes, tenía un examen. Pero no, yo estuve esa tarde con los barilleros, y todo para nada, porque no pudieron desatascar. Así que servidora tuvo que ir al Hospital a currar, habíendose lavado como las viejas, o como los gatos, pero no con la lengua, sino con una toalla
Pero lo más divertido no fue eso. Lo mejor fue que, antes de tremendo descubrimiento, a las 3 y media de la tarde, me llama mi madre:
Madre (M): ¿dónde estás?
Yo (Y): pues en la facultad, que tengo clase ¿por qué?
M: Pirata está muy malito. Está tirado en el suelo, como asfixiándose, y yo no puedo con él. Ya tengo cita con la veterinaria, de urgencia
Y: buf, la clase es presencial. No sé si podré faltar. Ahora te digo
Yo me quedé tal que O_O Y claro, para rizar el rizo, la llamo de nuevo para decirle que sí falto, que voy con ella. Y va y me dice que no, que no tiene tiempo, que se va sola.

Mi madre como siempre…
Así que, al volver, antes del ya mencionado tremendo descubrimiento, me dice mi madre que le han hecho pruebas, y que puede tener desde una inflamación crónica en la garganta, hasta un tumor en la sangre. Y yo…

Y claro, cuando llegamos al baño, y vimos lo que ya he repetido varias veces, y teniendo que estudiar para el viernes, yo estaba como que igual que los perros aquellos de Seligman en su indefensión aprendida
Así que me pasé todo el viernes reventada, agobiada por el examen, con ganas de darme un duchazo, con ciertas irregularidades intestinales por no poder ir al baño por la mañana (sí, yo no necesito All-Brán
). Vamos, que seguía como los perros estos en plan “la vida no me quiere”
Pero bueno, llegué al examen después de mal comer (salgo a las 2 de la Macarena y a las 3 y media tenía el examen). Oh… el examen. Esa es otra parte de la historia. La profesora nos dijo que el tipo de examen no era definido, algo que induce al pánico cuando te llevas 5 años en una carrera haciendo examenes de tipo test, de todas las modalidades, pero que de ahí no sale (excepto el caso de Evaluación Psicológica, que se me pasó comentar en el blog). Bueno, el caso es que, y mira que hay formas de preguntar… pos hala! nos pone cuatro preguntas de desarrollo!! Así que nada, como era desarrollo, pero aplicando la teoría, toco poner en marcha la imaginación y el desparpajo narrativo, aunque dadas las circunstancias, yo no hubiera apostado mucho por mí
El caso es que al final completé las preguntas, de manera escueta, pero al menos una parte de mí me dice que no es tan asqueroso el examen como para no sacar un mísero 5.
Y bueno, llego a casa, y el atasco se quitó (de eso ya hablaré en el siguiente post), y me echo la siesta del mes: 3 horas. Joer… que esa noche había dormido 3 horas aunque con un descanso de sueño, a las 5 y media, que me llamó mi madre para que vigilara al perro. Uy! eso lo olvidé! Al final el jueves me acosté a las 2 estudiando, y a las 5 me llama mi madre, que vigile al perro, que va a por Dacortín, que se está asfixiando. Y ahí me veis, hasta las 5 y media, de pie en el salón, medio zombie. Y a las 7 y media en planta! En fin, que me merecía esa siesta. A las 9 nos llama Kaitana, que está en Sevilla, que si cenamos los 4. Así que limpio a fondo mi baño, que antes había tenido fuerzas, me doy duchazo, y me pongo guapa (bueno, lo intenté
)
Y después de eso, pues nada, cena normal, luego el sábado estudiando que lunes y martes tengo exámenes, todo el día en casa, y el domingo, pues almuerzo en casa de Kaitana, para ver la F1, y más estudio… vamos, nada despampanante.
El caso es que, a veces me sorprendo de mí misma. Paso por situaciones muy agobiantes, algunas más preocupantes que, claro, no voy a contar aquí, pero que existen. Y sin embargo, en un momento indeterminado del día, sin darme cuenta, me sorprendo a mí misma con una sonrisa. Y de verdad, que no siento tener ganas. Pero no sé, quizás una parte de mí no se rinda aún de tirar del carro.